Artículos en ‘relaciones sexuales’

Sexualidad en el embarazo

12.19.11

La sexualidad

De los tres trimestres del embarazo, el segundo es el más favorable para una vida sexual armoniosa. El embarazo está ya perfectamente en marcha. El cuerpo de la mujer se transforma poco a poco y esto engendra en el plano sexual nuevos cambios de orden físico y psicológico muy positivos.

El temor a la fragilidad y el riesgo de aborto que se sentía al principio ha desaparecido, y todavía no se ha entrado en el período de molestias físicas que preceden al parto.

Además, la mujer experimenta en esta fase un gran incremento de su sexualidad, que se explica sobre todo por la extremada irrigación sanguínea de la pelvis.

Con frecuencia, la pareja encuentra en este período una nueva plenitud. El aumento progresivo del volumen del vientre femenino conduce a adoptar otras posturas, y la pareja tiene entonces que dar pruebas de ingenio en sus relaciones sexuales, lo que muchas veces resulta beneficioso para la pareja. Algunas, por ejemplo, practican actividades sexuales que reemplazan el coito. Liberada de la angustia que experimentaba al principio del embarazo, la mujer se preocupa más de sí misma y de su placer.

En su célebre informe sobre la sexualidad (1956), los doctores Masters y Johnson observaron en el 80 % de las mujeres americanas, un aumento de la frecuencia de las relaciones sexuales durante el segundo trimestre del embarazo.

Por otra parte, tranquilízate. El embarazo de la mujer no engendra una oleada de infidelidades por parte del marido. Si bien a algunos hombres no les agrada el cuerpo de la mujer embarazada, otros piensan que no existe en el mundo nada más hermoso.

Relaciones Sexuales en el Embarazo

06.18.11

Así, las mujeres podemos contribuir a mejorar las relaciones sexuales respetándonos y conservando nuestra personalidad. Siendo nosotras mismas, sin someternos siempre a los deseos y gustos de nuestra pareja, desarrollaremos más curiosidad de saber cómo es él, cómo reacciona, qué le gusta, y también cómo reaccionamos nosotras.

Es cierto que los hombres no son adivinos y que hay que decirles lo que queremos o lo que nos molesta. Pero esto sólo funciona si el hombre está bien dispuesto y si elegimos el momento adecuado.

La mujer que en medio de un acto sexual silencioso y rutinario tenga que decir “Un poco más abajo, por favor”, con seguridad hará desaparecer la poca excitación que pueda sentir. Lo mismo ocurrirá si el hombre se detuviese en plena actividad sexual para preguntar: “¿Te parece que haga algo en particular?”.

Un buen momento para hablar podría ser una copa o una cena especial antes de la relación amorosa, cuando ya se siente cierta expectativa en el aire y las peticiones y sugerencias pueden interpretarse como un estímulo previo.

Las pasiones son incontrolables, van y vienen como una tormenta de verano. Lo que sí podemos cultivar es el amor cariñoso, menos espectacular, pero más duradero. Y aquí tenemos que volver sobre la pregunta de por qué los hombres son tan reacios a prodigar caricias sin otro fin que el de acariciar. La ya mencionada psicoanalista Ulrike Korbitz opina que se debe al desarrollo típicamente masculino.

“Los hijos varones deben liberarse de su relación íntima con la madre; tienen que desfeminizarse para poder identificarse con el padre. Lo íntimamente tierno se vuelve tabú, por ser poco masculino. Por eso, las necesidades de contacto cariñoso se trasladan a los genitales.

Así se explica que los hombres traten de satisfacer sus anhelos de cercanía casi exclusivamente a través del sexo, mientras que las mujeres, que en su primera infancia no han tenido que separarse de esta forma de su madre, desean tener más contacto piel con piel, más cariño y más comunicación para sentirse cerca de su pareja”.