
Enseres y juguetes durante el segundo y tercer mes
Durante los primeros dos meses de su vida, el mejor lugar para tener al niño, tanto de día como de noche, es un moisés. No ocupa demasiado espacio y lo puedes llevar contigo a la cocina, dejarlo de noche junto a tu cama o tenerlo en el lugar en que te encuentres.
Ya en el tercer mes, y sobre todo en el cuarto, el moisés resulta demasiado pequeño, e incluso peligroso si se trata de un niño muy vivaz. Se necesita entonces una cuna normal.
Toma una pieza de gomaespuma de 2,5 a 5 cm de grosor y de la anchura suficiente. Colócala sobre la mesa y cúbrela con un pañal o con una sabanilla. La gomaespuma es suave y cálida, y no sólo te servirá para mudar al niño sobre ella, sino también para jugar con él y ejercitarle.
También puedes poner la gomaespuma sobre una cama, con lo cual dispondrá de más espacio.
Una pelota de plástico de colores vivos, de 20 a 25 cm de diámetro, te será práctica al mismo tiempo para los ejercicios y para el juego.
Prepara un marco de madera con tres listones y colócalo sobre el niño, de forma que los listones verticales queden a derecha e izquierda de sus hombros, y el listón horizontal paralelo a los mismos, a una altura de unos setenta y cinco centímetros. En los primeros dos meses, sujétalo a su cesto.
Del tercero al cuarto, colócalo donde el niño pueda jugar fuera de la cuna, sobre tu cama, por ejemplo. La clase de juguetes que cuelgues de ese marco depende de los objetos que tengas en casa y de tu propia inventiva. Después de los seis meses retira el dispositivo. Para entonces, ya sabrá jugar con los juguetes que le dejen en el suelo. Fíjate bien en que los objetos que cuelgues sobre el niño no representen ningún riesgo. El niño que sabe ya darse la vuelta puede veise peligrosamente enredado en ellos.
Cuelga del marco un trapecio que tenga una barra de treinta a cuarenta centímetros de largo. El trapecio debe estar a unos quince centímetros sobre el pecho del niño. Recubre ambos extremos de la barra con globos de goma o con algodón en rama, cubierto a su vez con plástico. Ata un trozo de cuerda con varios juguetes y sonajeros á las cuerdas que sostienen el trapecio, de modo que queden a unos quince centímetros de los ojos del bebé.
Esto le estimulará a intentar movimientos más vivaces.
Los juguetes destinados a ejercitar su sentido de la observación han de ser de colores vivos, brillantes, razonablemente grandes y de formas variadas. Cuélgalos de cuarenta a setenta y cinco centímetros sobre el niño o sostenlos en la mano, agitándolos para llamar su atención. Prueba con una manzana de color rojo intenso, con adornos de Navidad, ovillos de lana, pelotas, banderines o flores. No le presentes el mismo objeto durante mucho tiempo.
Cuanto más varíes, mayor será su interés.
Los juguetes para estimular el tacto y la presa serán similares a los anteriores, pero más pequeños, a fin de que le resulte fácil asirlos y sobre todo que no representen para él ningún peligro. Para los niños de dos a tres meses, han de estar atados a una cuerda extendida horizontalmente, a unos quince centímetros sobre su pecho. Entre ellos, se incluirán cubos de colores, pelotas, cilindros, anillas, botones, cintas o trozos de manguera de goma.