
En el cuarto mes, probablemente dará patadas a una pelota colgada sobre él (movimiento general). En el quinto mes, empezará a tocarla suavemente con los pies, a palparla y a sujetarla con ellos (movimientos delicados). Durante este período, los pequeños suelen jugar con una pelota grande suspendida sobre ellos, sosteniéndola con las manos por algún tiempo, después con ambas piernas, luego con una mano y una pierna, etc.
El fortalecimiento de los músculos del estómago y de los muslos capacitará gradualmente al bebé de cuatro meses para alzar las piernas y tocarse las rodillas con las manos y, en el quinto mes, a sujetarse un pie con las manos y llevárselo a la boca. Un niño de cinco meses que descanse boca abajo puede colocar una pierna bajo su vientre o, por lo menos, doblarla bastante.
A los seis meses, logrará doblar ambas rodillas, por regla general inclinando la cabeza hacia abajo y levantando las nalgas. Si se tienden los dedos a un niño de cinco a seis meses, suele ser capaz de izarse hasta quedar sentado, incluso hasta ponerse de pie, apoyándose en las piernas. Si se apoya el pecho de un niño de cuatro a seis meses sobre una pelota, se impulsará con gran fuerza con las piernas y casi llegará a saltar hacia adelante.
Al cuarto mes, puedes poner ya a tu hijo en un columpio elástico, siempre, claro está, que tenga las articulaciones de la cadera normales. Después de algunos intentos (alrededor de una semana), aprenderá a saltar sin problemas. Se ha de poner el asiento de tal forma que no se apoye en las piernas, sino que toque sólo ligeramente el suelo con los pies, lo bastante para dar un pequeño «salto». (En realidad, no aprende a saltar en el columpio. Sólo lo hará poco a poco en el segundo año de su vida.)
A esta edad, el movimiento constituye una de las necesidades biológicas y psicológicas básicas del niño. Si le das la oportunidad de ejecutar movimientos vividos, cooperará en forma muy activa y expresará su goce de manera muy obvia, vocalmente, de manera que, cuando aprenda a utilizar el columpio elástico, sin duda lo reclamará con alegría.
El desarrollo de la percepción sensorial le permite orientarse mejor en su ambiente, lo cual se facilita gracias a una coordinación más precisa entre sus sentidos. Como ya he mencionado, puedes enseñar a tu hijo a volver los ojos hacia la fuente de un sonido en su tercer y cuarto mes. En el cuarto y el quinto mes, los niños aprenden a alcanzar con precisión los objetos y a manipularlos.
Esto desarrolla la coordinación de la vista, el tacto y el movimiento y forma la base de la percepción de la profundidad, de las propiedades físicas, de los objetos y muchas otras de sus características, como la forma, el tamaño, la superficie o el peso.