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Usos de anestésicos en el Parto

08.05.11

En definitiva, ¿qué cabe pensar del uso de anestésicos durante ei parto?

Se trata de una cuestión en extremo importante, y te ayudaré a formarte una opinión.

En primer lugar, existen dos nociones fundamentales que debes comprender;

1. Los métodos de preparación para el parto (PSD), tal como son utilizados en numerosos países, y a condición de que los sigas a* rajatabla, bastan por sí solos para hacer perfectamente soportable el parto normal. Presentan la inestimable ventaja de permitirte participar por completo en el nacimiento de tu hijo de una manera activa y consciente; para una madre, ver nacer a su hijo y oír su primer grito constituye sin duda alguna uno de los más bellos recuerdos de su vida.

2. Recurrir a productos anestésicos te resta una parte de tu papel y de tu participación, tanto mayor cuanto más completa sea la anestesia. Llevado al extremo, la anestesia total no sólo elimina toda sensación do-lorosa, sino también toda sensación del tipo que sea, toda participación.

Así pues, todo depende de lo que tú desees:

— Si quieres tomar en tus manos el hecho de dar a luz y vivirlo plenamente, el PSD representa el método necesario y suficiente para ti.

— Por el contrario, si desde el comienzo del embarazo la sola mención del parto te produce pesadillas que te impiden dormir (es más frecuente de lo que se cree), no dudes ni un momento: elige dar a luz con anestesia total; todo el mundo saldrá ganando, y en especial tu hijo.

— Si pese a desear asumir el máximo de responsabilidad posible, te asusta un poco el dolor o temes perder el control —lo que sería muy natural—, pregúntale a tu médico qué método analgésico puedes utilizar.

Anestesia en el Parto – Ventajas e Inconvenientes

08.01.11

Ventajas
Evidentemente, el parto resulta indoloro por completo; la madre se despierta en su cama, con el niño en la cuna a su lado. La duración total del parto se acorta notablemente. No hay efecto alguno sobre el niño con los productos citados.

Inconvenientes
La madre permanece pasiva, sin ver el nacimiento de su hijo. Este argumento, importante para algunas mujeres, lo es mucho menos para otras, que temen por encima de todo los dolores del parto.

La anestesia no comienza hasta que se ha iniciado la dilatación; las primeras contracciones serán pues sentidas por la parturienta, pero son las menos dolorosas.

Esta técnica requiere la presencia del partero y el anestesista durante toda la duración de la anestesia. Sin embargo, dicha duración es corta en este caso: de veinte a cincuenta minutos como término medio. En una clínica privada, el precio del alumbramiento sólo se verá incrementado con los honorarios del anestesista. En la práctica hospitalaria, todo depende del personal médico de que se disponga.

Se trata de una anestesia total, que por lo tanto comporta un riesgo para la madre, por mínimo que sea. Además de que los accidentes a causa de la anestesia son rarísimos en la actualidad, los productos utilizados parecen todavía más inofensivos que los usados en la práctica quirúrgica (que producen una anestesia más profunda). De todos modos, los riesgos de la anestesia general son, en nuestros días, infinitamente menos elevados que los de un accidente de coche.

A veces es necesario ayudar a la expulsión por medio de los fórceps o la ventosa, debido a la disminución de los esfuerzos expulsivos.
Resulta inútil la presencia del padre e imposible la realización del nacimiento sin violencia.

En resumen
Sin tratarse de una técnica rutinaria, la anestesia total puede representar una excelente solución para la mujer aterrorizada por los dolores del parto. Puede asismismo rendir grandes servicios en la que pierde los estribos durante el alumbramiento y cuya agitación puede constituir un obstáculo para el buen desarrollo del proceso. Puede ser utilizada, en fin, para mejorar una mala dilatación del cuello del útero.
Su aplicación es más sencilla que la de la anestesia peridural, el parto es más rápido y los incidentes menos frecuentes.

Es el método anestésico que parece contar con el beneplácito de los tocólogos franceses, al menos en la actualidad.
En cuanto a los efectos sobre el niño, no los hay si se usan exclusivamente el Gamma OH o el Viadril. Cuando se requiere añadir un poco de Pentotal (el anestésico quirúrgico clásico), las dosis utilizadas son siempre mínimas y, como máximo, producen en el bebé una ligera somnolencia, que desaparece con rapidez.

Anestesia Total en el parto

07.26.11

Todo el mundo sabe que la anestesia total consiste en inyectar un producto por vía venosa, el cual llega rápidamente al cerebro, ocasionando una desconexión completa de todo el organismo y de la conciencia.

En el caso del alumbramiento, hasta hace unos años la anestesia total tenía mala reputación, dado que el producto anestésico pasaba al feto a través de la placenta. Sus efectos sobre el niño consistían asimismo en una desconexión, así como perturbaciones de su centro respiratorio.
Desde hace una década, disponemos de productos anestésicos completamente distintos de los utilizados en la anestesia total quirúrgica.

Dichos productos (Gamma OH y Viadril) se aplican con toda comodidad en el parto, ya que no tienen prácticamente ningún efecto sobre el niño.
Además, la marcha del parto se ha visto modificada de modo favorable por el uso de tales productos, ya que la dilatación del cuello del útero se logra con mucha mayor rapidez.

El parto con anestesia total en la práctica

No se aplica la anestesia hasta que el cuello del útero se ha dilatado cinco centímetros.

Se conecta entonces un frasco de perfusión venosa al que se añade post-hipófisis para asegurar las buenas contracciones uterinas, ya que la anestesia tiende a hacerlas más lentas.

En ese momento se inyecta el producto anestésico, directamente en el conducto de la perfusión, lo que evita un nuevo pinchazo. La parturienta se duerme en un minuto, más o menos.

Bajo los efectos de la anestesia, que relaja el cuello uterino, y de la perfusión de post-hipófisis, que produce contracciones uterinas eficaces, el período de dilatación evoluciona notablemente de prisa; no es raro encontrar el cuello dilatado por completo y la cabeza habiendo descendido del todo unos treinta o cuarenta minutos después.

La expulsión se lleva a cabo, o bien espontáneamente, pues las ganas de empujar no siempre resultan anuladas por esta anestesia, o bien aplicando los fórceps o la ventosa en la vulva. Una vez de cada dos, el niño grita de inmediato; en los demás casos, duerme un poco y grita unos segundos después.

Pro y contras de la Anestesia Peridural

07.24.11

Ventajas
El parto es verdaderamente indoloro a partir del momento en que se realiza la inyección.

La futura madre permanece consciente, y puede asistir al nacimiento de su hijo. Su cooperación y alegría son totales, ya que no se ven alteradas por los fenómenos dolorosos. Su marido puede y debe hallarse presente, a fin de participar también en el milagro del nacimiento.

El método del nacimiento sin violencia puede ser aplicado, y el niño no se verá afectado por este método de anestesia. La utilización de un método instrumental de extracción (que sin embargo no es obligatorio) no constituye a priori una contraindicación para el nacimiento sin violencia. Cabe pensar que de ese modo el niño tendrá una necesidad aún mayor de que le calmen y tranquilicen.

Inconvenientes
Son equiparables a las ventajas.

Como hemos visto, elimina las ganas espontáneas de empujar, obligando aun uso más frecuente de la extracción instrumental.

La insensibilidad completa de la parte inferior del cuerpo lleva a la parturienta a asistir como espectadora a su propio parto, lo que crea un sentimiento de fustración en algunas mujeres que desean una participación más activa y que sienten como algo negativo el hecho de no percibir que dan a luz.

Pueden sobrevenir accidentes en caso de vigilancia insuficiente (e incluso en los casos mejor controlados). El más frecuente es que a la madre le sobrevenga una hipotensión, si bien por otra parte responde al tratamiento apropiado. Se han señalado asimismo persistentes dolores de cabeza, que pueden prolongarse hasta varias horas después del parto. Excepcionales, pero mucho más graves, son los accidentes debidos a una difusión demasiado grande del producto en el canal raquídeo; en tal caso, pueden presentarse trastornos respiratorios o cardiovasculares.

Si bien todos esos inconvenientes son menores (extracción instrumental) o muy raros (complicaciones), la aplicación de este método no resulta fácil a causa de la necesidad absoluta de una vigilancia constante, la cual implica la presencia de dos médicos (el tocólogo y el anestesista) durante la fase de dilatación y el alumbramiento, lo que supone varias horas. Ahora bien, esa movilización de dos médicos especialistas durante varias horas para un solo parto plantea problemas prácticos y financieros de difícil solución.

Eso explica por qué en la práctica este método sólo se utiliza en dos tipos de ejercicio médico. Por un lado, en el alumbramiento de super lujo, en el que los honorarios son a menudo extremadamente elevados; eso explica su éxito en Estados Unidos (donde la gente acepta pagar muy caros los cuidados médicos) y en ciertas clínicas de lujo de algunas ciudades europeas. Y por otro, en el parto que podríamos denominar «industrial», realizado en centros en que, al haber muchas mujeres juntas durante la fase de dilatación, dos médicos funcionarios que trabajan a jornada completa pueden ser suficientes para vigilar al mismo tiempo varios alumbramientos.

Al menos, es bueno saber que la anestesia peridural pierde progresivamente terreno desde hace algunos años en Estados Unidos, Canadá e Inglaterra, lo que hace suponer que no satisfacía del todo a los médicos o a las madres.

Anestesia Peridural

07.18.11

La anestesia peridural

Se trata de la anestesia local más conocida. Es mucho más utilizada en los países anglosajones que en los latinos, debido sin duda a los problemas que plantea su aplicación, resultando más adecuada a unos tipos de práctica médica que a otros.

Consiste en introducir en la parte baja de la columna vertebral, entre dos vértebras (tras una anestesia local previa), un fino tubo o catéter que se empuja por debajo del saco dural (el cual rodea la médula espinal), allí donde nacen los nervios de la parte inferior del cuerpo y de los órganos pélvicos, es decir el útero y la vagina.
El producto anestésico se inyecta pues por fuera del saco dural, que rodea la médula espinal y contiene el líquido cefalorraquídeo, y se difunde alrededor de ese saco; de ahí el nombre de anestesia «peridural» (o epidural). El uso de un catéter permite renovar la inyección anestésica cuando se desea.

La anestesia no se aplica hasta que el cuello del útero haya dilatado cinco centímetros en la primeriza, y seis o siete en la multípara.

La colocación del catéter se lleva a cabo con la mujer sentada en la cama y redondeando la espalda. Tras una pequeña anestesia local, la aguja que guía al catéter se introduce entre la primera y la segunda vértebra lumbar, o bien entre la segunda y la tercera.

El anestesista procede entonces a inyectar el producto anestésico por el catéter, permitiendo éste, como ya he dicho, renovar eventualmente la inyección si el efecto de la primera se atenúa.

Muy poco después de la inyección, aparece la insensibilidad en la parte inferior del cuerpo, por debajo de la cintura. La mujer sólo percibe una sensación de calor en las piernas, y la impresión de estar «separada» de la parte inferior de su cuerpo.

Simultáneamente a la aplicación de la anestesia, se conecta un frasco de perfusión venosa en el brazo, frasco de suero al que se añade la post-hipófisis para asegurar las buenas contracciones uterinas, ya que la anestesia tiende a hacerlas más lentas.
Bajo los efectos de la anestesia, que acaba con el temor y la tensión debidos al dolor, y de la perfusión venosa de posthipófisis, el cuello se dilata mejor, y el desarrollo del parto se acelera. Con bastante frecuencia, la duración del alumbramiento, entre la inyección de anestésico y la salida del niño, se reduce a una o dos horas.

Al no percibir la parturienta las contracciones, tampoco sobrevienen las ganas de empujar. En consecuencia, la mujer debe empujar sin sentir la necesidad, guiándose por el endurecimiento de su vientre (que traduce la contracción) y los consejos del tocólogo.
Con todo, los esfuerzos expulsivos artificiales son menos eficaces que los realizados en el parto natural.

El descenso y la rotación de la cabeza del niño por las vías genitales, así como su posterior salida de la vulva, pueden verse un poco entorpecidos, lo que con frecuencia impulsa a utilizar la ventosa o los fórceps para la terminación del parto. Por otra parte, eso explica por qué en Estados Unidos se usan con más frecuencia los fórceps, de los que existen casi veinte modelos distintos (ya hemos dicho que esta anestesia es más empleada en los países anglosajones).

No obstante, el uso actual de esos medios instrumentales que ayudan a la liberación del niño apenas plantea problemas, y forma parte de ¡a rutina obstétrica cotidiana.

Anestesia local en el Parto

07.14.11

La anestesia local

La anestesia local se distingue de la anestesia total clásica en el sentido de que sólo pretende anestesiar un órgano o una zona del cuerpo; el resto del organismo no sufre la acción del anestésico, por lo que se conserva plenamente la conciencia.

Principios de la anestesia
La anestesia local se obtiene por un proceso diferente por completo de la anestesia total clásica.

En la anestesia total, se inyecta en la sangre, o se hace absorber por los pulmones, un producto que actúa directamente sobre el cerebro, causando su desconexión completa y, por lo tanto, la de la conciencia y el organismo entero.

En la anestesia local, no se actúa sobre el cerebro sino tan sólo sobre uno de los nervios que, partiendo del cerebro, llega, por medio de la médula espinal, a una determinada zona del organismo. Además, se utiliza un producto anestésico que sólo actúa en una pequeña área.
Según la porción del trayecto nervioso en que se realice la inyección, se tendrá una acción anestésica más o menos extendida. Tomemos evidentemente como ejemplo los nervios que inervan el útero y el aparato genital:

Si se inyecta el anestésico al nivel de las ramificaciones terminales de ese nervio, se tendrá una acción limitada en superficie. Es el tipo de anestesia local que se utiliza para anestesiar la región peri-neal al practicar una episiotomía. La inyección de anestésico se efectuará en el lugar en que se vaya a hacer la incisión.

Si se inyecta el anestésico al nivel del cuello del útero, se realiza una anestesia cervical que disminuye las sensaciones dolorosas en el momento de la dilatación del cuello.

Si el anestésico es inyectado al nivel del tronco del nervio, y no al nivel de sus ramificaciones terminales, se obtendrá una acción anestésica más extensa, que abarcará la totalidad de determinados órganos, como el útero, por ejemplo. Es lo que se logra al anestesiar el nervio pudendus (es su nombre anatómico), que inerva una gran parte del útero.

Por último, si el anestésico se inyecta en el canal raquídeo de la columna vertebral, su acción se ejercerá, no sobre un solo nervio, sino sobre un grupo de nervios, obteniéndose así una anestesia de toda la parte baja del cuerpo. Es lo que se denomina anestesia peridural.

Salvo la anestesia local perineal (usad^en la episiotomía), el uso de la anestesia local está relativamente poco difundido en los países latinos, al contrario que en los países anglosajones, donde se utiliza desde hace tiempo.

Voy a exponerte brevemente las diversas técnicas utilizadas, así como sus ventajas e inconvenientes. Pero que quede claro que es con tu tocólogo con quien debes discutir la elección de un método si es que has decidido anestesiarte.

Pueden utilizarse tres tipos de anestesia local: cervical y paracer-vical, «bloqueo pudendus» y peridural, la más conocida, y a la que dedicaré una atención especial.

Anestesia local cervical. Es de fácil realización; consiste en la inyección de una pequeña cantidad de anestésico en dos o tres puntos de la circunferencia del cuello del útero, durante la dilatación. Muy similar es la anestesia paracervical, en la que la inyección tiene lugar a izquierda y derecha del orificio uterino.

Proporciona una disminución de los fenómenos dolorosos al nivel del cuello, la flexibilidad del mismo y una dilatación más fácil.
Por desgracia, no hay unanimidad acerca de si el producto anestésico repercute o no sobre el niño. Al parecer, este producto puede ser absorbido por los vasos sanguíneos del útero, pasar a la placenta y de ahí a la circulación sanguínea del niño, donde podría originar modificaciones de los latidos cardiacos. Tales incidentes no impiden que esta técnica sea bastante utilizada en Estados Unidos.

El «bloqueo pudendas». Es de realización más delicada, pues hay que inyectar el producto en un punto concreto del trayecto nervioso en el interior de la pelvis, introduciendo previamente la aguja por la vagina.

Disminuye los dolores de expulsión, pero inhibe al mismo tiempo las «ganas de empujar», lo que no facilita en absoluto la salida del niño, debiéndose recurrir a los fórceps o a la ventosa.

Anestesia por inhalación en el Parto

07.10.11

La más antigua conocida es la anestesia por medio del cloroformo, o anestesia «de la reina» (porque fue utilizada en 1853 para el parto de la reina Victoria de Inglaterra), muy perfeccionada desde aquella lejana época. El principio consiste en crear un estado de anestesia poco profunda o analgesia (supresión del dolor) por la respiración de las emanaciones de un producto anestésico, pero:

— el cloroformo, muy desagradable de aspirar, ha sido reemplazado por productos más modernos, que apenas huelen;

— el algodón, sobre el que se vertía el cloroformo, ha sido sustituido en la actualidad por un tubo inhalador por el que se aspira;

— el tubo inhalador es confiado a la futura madre, quien lo utiliza cuando le parece útil, es decir cada vez que las contracciones se hacen demasiado dolorosas.

Este método no es nada complicado, no hay ningún riesgo de que repercuta sobre el niño y atenúa en gran medida el dolor sin que la madre pierda el conocimiento (no se trata pues de una anestesia completa, sino de una simple analgesia). No obstante, deberá interrumpirse en el momento de la expulsión propiamente dicha, a fin de no entorpecer la necesaria cooperación de la madre en la salida de su hijo.

En la práctica, empero, su utilización se ha visto frenada considerablemente por un factor en el que los médicos no habían pensado: la ley. En efecto, toda anestesia, por mínima que sea, debe ser administrada por un anestesista —o en su presencia—, de lo contrario los tribunales no se privarían de condenar al partero que hubiera utilizado dicha técnica, en el caso de que sobreviniera el menor incidente.

Dado que los ataques judiciales contra los médicos se multiplican desde hace algunos años, es comprensible que éstos eviten correr el menor riesgo jurídico, privando a las futuras madres de los beneficios de esta técnica. Mientras la actitud de los jueces sea tan ciegamente severa con respecto a los médicos, o en tanto que la Seguridad Social siga considerando que dar a luz sin sufrir supone un lujo inútil (sin ingresos decentes para el anestesista), esta técnica de inhalación anestésica se verá condenada al olvido.

El Parto con anestecia

07.06.11

Si bien los métodos de preparación para el parto (PSD) suponen una disminución real e importante del dolor, tal vez dicha disminución no te parezca suficiente y desees saber si existen medios para suprimirlo por completo.

Ese deseo me parece perfectamente normal y legítimo, e incluso pienso que las mujeres han actuado con moderación en su justa reivindicación de dar a luz sin sufrir; lo cierto es que si fueran los hombres los que parieran, hace mucho tiempo que se habría descubierto un medio de suprimir definitivamente el dolor.

Mas ese hombre que no soporta la idea de ir al dentista encuentra natural que su mujer sufra al traer a su hijo ai mundo; ese mismo hombre al que, para tener un hijo, le parece normal que su mujer estéril se opere varias veces, pondría el grito en el cielo si, siendo él el responsable de la esterilidad, se le pidiera que se dejara tomar una muestra de un testículo, con anestesia, por supuesto…

Afortunadamente, algunos médicos han hecho suya esa legítima aspiración, y existe un cierto número de técnicas destinadas a suprimir en gran parte el dolor durante el alumbramiento. Sin embargo, no hay que pensar que el problema esté resuelto, pues de hecho implica tres aspectos difícilmente conciliables:

1. Actuar suprimiendo el dolor, pero dejando a la mujer consciente a fin de que coopere y pueda ver nacer a su hijo.

2. Actuar sobre la madre sin actuar sobre el niño, al que no se debe dormir ni perturbar el inicio de su respiración pulmonar.

3. Actuar sobre los nervios del dolor sin influir en las contracciones uterinas a ¡Fin de no obstaculizar el descenso del niño.

Por desgracia, esos tres imperativos son contradictorios. Es preciso elegir, y ya hace tiempo que los médicos lo han hecho. Conceden la prioridad absoluta a esta regla fundamental: no afectar al niño ni a los mecanismos complejos y delicados que le permitirán iniciar su respiración pulmonar. Podrás darte cuenta por ti misma de que esta regla formal domina por completo el problema de la lucha contra el dolor en el proceso del parto.